viernes, 30 de septiembre de 2011

"Out", de Natsuo Kirino


Continúo con mi labor de rescate de aquellas lecturas que hice tiempo atrás, en aquellos felices tiempos en que, al escuchar en labios ajenos la palabra blog, creía que se trataba de una burda onomatopeya de poco honorable significado.

Además, he observado que hasta ahora no había dedicado ninguna entrada en El levante de las páginas a la novela negra, ese género que va ganando adeptos a pasos agigantados, lo que no es de extrañar cuando al lector le toca ser testigo de una época tan borrascosa, tan oscura (ríete de la Edad Media), tan, en definitiva, negra...

Y en esas aguas temáticas de lo sombrío acostumbra a navegar la novelista japonesa Natsuo Kirino (Kanazawa, 1951). Con Kirino el lector se siente guiado al reverso de ese Japón que muchas veces en España vemos como paradigma de la pluscuamperfección. Con Kirino uno puede llegar a descubrir que no es novela negra nórdica todo lo que reluce... No es que me disgusten los Larsson, Mankell y demás (todo lo contrario), pero es que a veces me da la sensación de que no es posible escribir novela negra a día de hoy y triunfar si no llevas puesto el casco vikingo al sentarte frente al procesador de textos.

Pero lo cierto es que Japón como terreno para la novela negra ofrece tantos alicientes al lector como los países escandinavos. Al igual que sucede con éstos, la imagen de sociedad ahíta de bienestar, progreso, satisfacción y seguridad que Japón suele trasmitir al observador foráneo llega a contrastar rudamente con el escenario tan poco amable y apacible que se extiende sobre las páginas de estas novelas de lo sucio. Kirino nos demuestra en Out que Japón ofrece vías para la negrura literaria tan dignas y excitantes como las que proceden de la Europa helada.

Out (1997) narra la siniestra historia de cuatro amigas que trabajan en el turno de noche de una fábrica de obentos (la autora describe de tal manera la fabricación de estos platos precocinados que es muy probable no te queden ganas de catarlos en tu vida). Una de estas proletarias del obento es maltratada frecuentemente por su marido, quien para colmo se gasta todos los ahorros de la pareja jugando al bacará, así que un día la protagonista decide estrangularle, tras lo cual sus tres compañeras le ayudarán a deshacerse del cadáver. Y para conseguirlo, lo descuartizarán, ya que el peso del cuerpo inerte les impide moverlo de una pieza. Las investigaciones policiales llevarán a hacer creer inicialmente al inspector Imai que el asesino fue un tal Satake, un yakuza que dirige varios puticlubs y salas de juego, porque poco antes del asesinato propinó una paliza a la víctima del homicidio, que era cliente frecuente de uno de sus bares de alterne. Tras salir de la cárcel por falta de pruebas, Satake planea una venganza contra la verdadera autora del homicidio y sus cómplices. Y por si a estas chicas no les bastara con todas estas preocupaciones, un violador en serie opera de noche por las inmediaciones de la fábrica de obentos y tiene aterrorizado al personal femenino de la misma.

Lo que más me ha gustado de la novela es que se sale magistralmente de los convencionalismos de la novela negra. Como sucede en tantos ejemplos actuales de este género, va más allá y coquetea con otros campos temáticos. En el caso de Out, la incursión en el género del gore es obvia, y en ese sentido tiene la paradójica grandeza de agradar en la descripción de lo desagradable: Natsuo Kirino nos hace una certera y completa enumeración de los aspectos más feos del Japón de hoy, que van conectando en la trama de manera inteligente. El hilo argumental emociona y sorprende. El final es algo rarillo y forzado, o a mí me lo pareció, pero es perdonable teniendo en cuenta todo lo demás.

En su versión española la publicó Emecé.

martes, 20 de septiembre de 2011

"Silencio", de Shûsaku Endô


Otra novela a la que llegué tras el visionado de su versión cinematográfica, dirigida por Masahiro Shinoda en 1971.

Silencio (1966) es una grata rareza en todos los aspectos. Pocos son los ejemplos de novela histórica japonesa que hay traducidos al castellano. Sin embargo, tenemos la suerte de contar con versiones españolas de Silencio y El samurai, dos de los títulos fundamentales en la bibliografía de Shûsaku Endô (1923-1996).

Me gusta lo que he leído de Endô. Al principio, teniendo en cuenta los temas históricos que trata, uno piensa que va a leer la típica novela histórica de formato bestseller, abundante en erudición histórica y en descripción exhaustiva de corte decimonónico, trufada con elementos románticos a tutiplén. Pero no, en las novelas históricas de Endô el lector observa que este hombre se deja buena parte de su alma en la consecución de sus escritos, que el tema y la época tratadas le afectan y así lo deja reflejado en cada página. En la persona de Endô confluyen dos rasgos que le convierten en un ser singular para haber vivido en el siglo XX: era japonés y católico. No es de extrañar pues que las conexiones y los contactos entre su país y Occidente y la intervención en las mismas de agentes religiosos cristianos sean para él un tema primordial en algunas de sus novelas.

En la que nos ocupa, el protagonista es un jesuita portugués llamado Sebastião Rodrigues que llega a Japón en 1638 con el fin de contactar con Cristóvão Ferreira, otro misionero de su orden que había cometido apostasía y se había convertido al shintoísmo. Incluso hasta se había casado con una japonesa (en fin, que el tal Ferreira era todo un adelantado de su época). Sebastião Rodrigues quiere averiguar las razones que llevaron a Ferreira a abjurar de su fe original... ¡Y vaya que si lo averiguará! Allí descubrirá los expeditivos y "convincentes" métodos que el shogunato Tokugawa empleaba contra aquellos japoneses que se aventuraban a caminar por la senda de Cristo o contra todo aquel gaijin que se proponía acercarse a Japón a hacer proselitismo...

Como sucede en toda buena novela histórica, la trama argumental que gira en torno al padre Rodrigues no le impide a Endô generar una galería de personajes, hechos y ambientes que dibujen un retrato fidedigno de aquellos primeros años del periodo Edo y el fenómeno de las persecuciones a cristianos.

Pese a lo que se pueda creer, la obra no resulta radical en sus planteamientos ideológicos, ni tampoco es de esas que trate de convencernos de algo o de demostrarnos "una verdad", aunque insisto en que la novela se lee mejor si se tienen en cuenta las circunstancias sociales y humanas del autor. Al fin y al cabo, se lee para tratar de entender.

viernes, 16 de septiembre de 2011

"Las algas americanas", de Akiyuki Nosaka


Vamos con la prometida reseña de Las algas americanas, la novela corta de Akiyuki Nosaka que los de Acantilado publicaron en español junto a la aquí ya comentada La tumba de las luciérnagas, obra del mismo autor.

Desde la modesta perspectiva de un simple aficionado a la lectura, diré que una de las cualidades que más admiro de un escritor es su capacidad de abordar determinados temas o experiencias vitales (de nuevo hay que tener en cuenta lo mucho que de autobiográfico tienen los textos de Nosaka) desde múltiples perspectivas y tonos, muchas veces valiéndose de la creación de personajes de variopinta condición para lograrlo.

Recordemos que en La tumba de las luciérnagas Nosaka consigue dibujar, mediante el sombrío relato de la lucha por la supervivencia de dos hermanos de corta edad, un crudo panorama de muerte y desolación en un Japón que en 1945 agonizaba bajo el peso de las bombas estadounidenses. Las algas americanas, en cambio, queda ambientada en los años sesenta, en ese Japón que ha abandonado la posguerra y todo su universo de carestía material y hundimiento moral; un Japón que empezaba a solazarse en su recién conquistado bienestar, a la vez que se empecinaba en mirar con ojos de distanciamiento y espíritu de amnesia a aquellos años de sufrimiento y escasez que, después de todo, no quedaban tan lejos. Y de forma paralela a esas vertiginosas trasformaciones vividas por Japón en la segunda mitad del pasado siglo, evolucionaban las relaciones que este país asiático mantenía con Estados Unidos, que de enemigo a la fuerza pasaba a desempeñar un papel de amigo forzoso que llegaba a resultar bastante chocante y artificial a quienes de un modo u otro habían sido protagonistas de la contienda bélica que había enfrentado a ambas naciones veintitantos años atrás.

Y en esa dicotomía vive Toshio, propietario de una modesta agencia de publicidad cuya mujer, Kyôko, le anuncia un buen día que pronto van a recibir la visita de un matrimonio de jubilados estadounidenses que ella había conocido en un viaje a Hawai. En Toshio la visita despierta en él sentimientos encontrados y, en el riguroso celo que los japoneses muestran en el desempeño de su papel como anfitriones, interfieren inevitablemente los recuerdos que el protagonista guarda de los años de guerra y aquellos bombardeos "made in USA" que reventaron de manera inmisericorde su primera adolescencia, obligándole, como a todos los japoneses de su generación, a hacerse adulto antes de tiempo. Y luego el tiempo de la ocupación estadounidense tras la rendición japonesa, que Nosaka describe sin tapujos ni concesiones, como no podía ser de otro modo tratándose de él, aunque en esta ocasión la tragedia y la crudeza de La tumba de las luciérnagas queda sustituida por una descarnada sátira sobre el humillante proceso de "reeducación" a que se vio sometida la población japonesa en tiempos de paz. De la inagotable sucesión de desternillantes situaciones que describen de forma certera pero mordaz el proceso de asunción de la "pax americana", se lleva la palma la surrealista pedagogía empleada en las clases de inglés: si lo que Nosaka nos describe sobre esas metodologías es cierto (y aunque puede que el autor haya exagerado, algún fundamento de realidad sostendrá), uno puede hallar una explicación sostenible al pésimo nivel de inglés que posee una buena parte de la población japonesa.

En definitiva, una novela de Nosaka que consigue ser cachonda en lo trágico pero sin resultar chirriante: todo un logro.

domingo, 11 de septiembre de 2011

"La tumba de las luciérnagas", de Akiyuki Nosaka


Me acerqué a esta novela corta desde el cine, después de haber visto las tres versiones fílmicas que hay de esta obra literaria (las tres que yo conozco, claro, porque a lo mejor existen más). Me refiero al telefilme dirigido por Tôya Satô en 2005, al largometraje que Taro Hyugaji rodara tres años después y, sobre todo, el anime de 1988, obra de Isao Takahata. Son buenas las tres, sobre todo la película de animación, pero tras leer el texto original de Akiyuki Nosaka (Kamakura, 1930), uno tiene la sensación de que los guionistas de tales trabajos cinematográficos realizaron una leve pero palpable labor suavizante.

La cosa no es para menos, pues La tumba de las luciérnagas es uno de los relatos más crudos de cuantos se han contado sobre la vida en la retaguardia durante un conflicto bélico. Pero la verdad es que yo lo prefiero así: rotundo y sin concesiones.

La acción se sitúa en el verano de 1945, en las postrimerías de la Segunda Guerra Mundial. El escenario es la ciudad de Kôbe y sus suburbios, que en esas fechas son bombarbeados sin tregua por la fuerza aérea estadounidense. La novela tiene la solidez y la sinceridad argumentales con que suelen contar los textos literarios que algo de autobiográfico. Y tratándose de Nosaka, el asunto tiene mucho, muchísimo de autobiográfico, pues este autor pasó su infancia en Kôbe y sufrió en sus propias carnes esos bombardeos que el texto recoge. Además, quedó huérfano tras esos ataques y vivió como un vagabundo en los primeros años de posguerra. Y Nosaka vierte su propia experiencia vital en la figura de Seita, el niño protagonista de la novela, que ve cómo su madre muere calcinada en un bombardeo, mientras su padre perece en combate en una embarcación militar. A Seita solo le queda su hermana, la pequeña Setsuko, a quien él trata en todo momento de ocultar el horror de la realidad, en la que el hambre se presenta como la más cotidiana de las amenazas para la supervivencia de ambos hermanos.

Es una historia canalla y sórdida, sin tregua para el lector, que no hallará más que inquietud y desasosiego a medida que avance en la lectura. Sin embargo, la de La tumba de las luciérnagas no es una escritura exenta de belleza y poesía (característica que, lejos de dulcificar la historia, la hace más despiadada aún). Sencilla en su estructura, a veces resulta algo confusa esa mezcla en el mismo párrafo de narración, diálogo y reflexiones internas de los personajes; pero precisamente es esa íntima fusión o íntima proximidad de recursos narrativos lo que nos permite ver lo vecina que se halla esta ficción a la realidad vital de su autor.

En definitiva, una historia necesaria, intensa en lo mínimo de su contenido (la verdad es que no hacía falta cebarla con licencias ornamentales frívolas), de esas que demuestran que la mejor literatura a menudo nace del lado más displicente de nuestra condición y experiencia.

En España se ha publicado por Acantilado con traducción de Lourdes Porta y Junichi Matsuura, junto a otra novela corta del mismo autor titulada Las algas americanas, de la que hablaré en la próxima entrada, ya que aún me falta una docena de páginas para concluir su lectura.

martes, 6 de septiembre de 2011

"El elogio de la sombra", de Junichiro Tanizaki


Lo que me ha proporcionado este breve ensayo de Tanizaki, una de las obras fundamentales de este autor japonés del siglo pasado, ha sido un curioso ejercicio de lectura, agradable de leer y hasta gracioso y chocante, sobre todo por la manera que tiene de iniciarlo.

La tesis que sostiene Tanizaki en este trabajo es que la sombra ha sido el componente básico del sentido japonés de la estética y el elemento que más ha influido en el genio creador nipón.

Digo que resulta gracioso y chocante su empiece porque, suponiendo que se trata de un ensayo sobre arte y estética, al bueno de Tanizaki no se le ocurre otra cosa que dar comienzo a su discurso describiendo las letrinas japonesas y el beneficio que su condición de lugares sombríos aporta a sus usuarios, a diferencia de los aseos occidentales, cuya blancura y luminosidad hace que resulten más visibles los desechos que produce el cuerpo humano...

Son curiosas las constantes comparaciones que se hacen con respecto a Occidente, que él ve como una civilización que magnifica la luz, y que a veces nos pueden resultar algo desfasadas, pero no olvidemos que el libro se escribió hace tres cuartos de siglo. Luego tiene observaciones que me parecen muy certeras, como el perjudicial uso de las nuevas técnicas de iluminación en las representaciones teatrales japonesas, que requieren una luz más tenue, para acentuar la estética dramática en la sombra.

Y bueno, con lo que me deja Tanizaki verdaderamente alucinado es con una advertencia que nos hace al final de libro: comenta que desde que en Japón se usa energía eléctrica (él vivió el tránsito de la vela a la bombilla, como quien dice), los veranos son verdaderamente insufribles, porque la luz eléctrica genera un calor que los farolillos o los candiles no producían, aparte de que la menor intensidad lumínica no atraía a los mosquitos a los hogares. Vamos, todo un discurso de corte ecologista que, para estar escrito en 1933, bien podría decirse que ya nos anunciaba los ataques al medio ambiente que la humanidad iba a producir en años venideros con la emisión excesiva de calor; en fin, eso que ahora llamamos "cambio climático" y que a Tanizaki no le pasó desapercibido en su momento. Y hoy, en 2011, en un Japón que tras la catástrofe nuclear de Fukushima se ha planteado el ahorro de energía eléctrica como una cuestión prioritaria, casi de mera supervivencia, el mensaje y discurso que nos transmite este libro se ha visto fuertemente revalorizado. Si tras la Segunda Guerra Mundial Japón viró radicamente su sentido de la estética al abuso en el consumo lumínico (esos neones dominando en la noche tokiota que han sido el icono del Japón de la segunda mitad del siglo XX), tal vez ahora esta nación se encuentre ante una ocasión inigualable de recuperar su aprecio a las tinieblas como elemento generador de belleza.

En definitiva, se recomienda este interesante trabajo sobre la cultura japonesa, obra de uno de los autores más representativos de la misma.

martes, 30 de agosto de 2011

"Botchan", de Natsume Sôseki


Hay novelas capaces de ejercer un poderoso influjo sobre quienes emprenden la aventura de leerlas; son novelas que transforman, novelas que le hacen a uno ver la realidad de otro modo, o desde otra perspectiva; novelas con aroma a trascendencia, de esas que dan motivos para seguir leyendo libros hasta el infinito. En cambio, existen otro tipo de novelas, no menos necesarias ni menos adictivas, que lejos de modificar el esquema vital del lector, establecen una vigorosa complicidad entre éste y los protagonistas de la historia, que son las más de las veces trasunto del autor.

Entre ese segundo tipo de novelas, y por lo que a mi experiencia vital respecta, se encuentra Botchan, la descarnada novela satírica que Natsume Sôseki publicó en 1906. En ella se cuentan las experiencias de un joven profesor, el tal Botchan (diminutivo demasiado cariñoso para un profe, que preludia lo que vamos a leer), que abandona las comodidades de Tokio para establecerse en una modesta ciudad de la isla de Shikoku (probablemente Matsuyama, donde el propio Natsume Sôseki fue profesor). Botchan no es precisamente bien recibido en su nuevo destino, y no ya solo por sus cafres alumnos (que, rizando el rizo, resultan ser el menor de los problemas de Botchan), sino por la mayoría de sus compañeros de docencia y por el director de la escuela, que miran con mucho recelo a este recién llegado de la capital. Pero pronto Botchan sabrá establecer una exigua pero eficaz red de amistades y tratará de salir a flote de tan hostil medio, contra viento y marea y caiga quien caiga...

Por recientes experiencias profesionales que tuve en el sector de la enseñanza secundaria, insisto en que pocas veces me he sentido tan identificado con el protagonista de una novela como de hecho me sucedió con nuestro Botchan. Es un libro que debería ser de cabecera para todo profe de ESO y Bachillerato o, sobre todo, para quienes aspiren a serlo (digo "sobre todo" porque todavía están a tiempo de replantearse su futuro profesional). Y es que la novela resulta muy pedagógica en cuanto a que demuestra que problemas que creemos del mundo actual, tales como la falta de disciplina en las aulas, la corrupción en los puestos directivos, la escasa motivación del profesorado, eran lacras que estaban presentes en un marco espacio-temporal tan lejano al nuestro como el Japón de hace un siglo.

Y además de aleccionadora, resulta altamente divertida, en la línea de Yo, el gato, la anterior novela de Natsume Sôseki, que también comenté en este blog hace poco más de un año. Bueno, probablemente Botchan no esté técnicamente tan lograda como aquella, pero no le va a la zaga en cuanto a sentido del humor y sentido de la sátira social: la era Meiji, que en la historia oficial de Japón suele figurar como un respetable periodo de prosperidad y modernización, en Natsume Sôseki siempre figura como una época lamentable y patética, donde los japoneses se debatían entre el modelo de sociedad moderna occidental y el tradicional oriental, pero escogiendo en buena parte de las ocasiones lo peor de cada uno de ellos.

La figura de Botchan resulta un personaje entrañable pese a su cinismo y su carácter aparentemente nihilista (pero solo aparentemente), aunque el lector acaba solidarizándose con él, al ver que el medio corrompe y deforma a quien inicialmente no parece resultar tan canalla ni tan mordaz. Obligado te veas... Lo que sí que no me convence es la comparación que de Botchan se ha hecho con el Holden Caulfield de El guardián entre el centeno, de Salinger. La comparación no está mal como estrategia comercial para vender muchos ejemplares de Botchan, pero habría que recordar que en todo caso sería Salinger quien habría copiado a Natsume Sôseki, ya que Botchan se publicó en 1906 y El guardián entre el centeno data de 1951... Aparte de eso, Caulfield sí que resulta un individuo nihilista, que navega sin rumbo, con cierta tendencia a la autodestrucción, pero no es el caso de Botchan, que a veces parece ser el único personaje de su entorno dotado de valores y de sentido del deber. Podríamos incluso decir que el Caulfield de Salinger se sitúa en las antípodas del Botchan de Natsume Sôseki.

Lo que sí está claro es que, seas o no seas profesor, Botchan es una excelente forma de pasar unas horas de diversión y disfrutar con el arte de la mejor pluma japonesa de comienzos del siglo XX. Para quienes no hayan leído aún nada de este autor, esta novela es una de las más adecuadas para iniciarse.

La publicó Impedimenta, con traducción de José Pazó Espinosa.

martes, 23 de agosto de 2011

"El rumor del oleaje", de Yukio Mishima


Me dirán que soy un pedante, o un exagerado, o que incurro en tópicos, o incluso que lo único que hago es parafrasear la reseña que figura en la contraportada del libro (lo que en este caso sería completamente cierto), pero no por ello pienso privarme de decirlo, puesto que así es como yo también lo percibo: El rumor del oleaje es una de las más bellas historias de amor jamás contadas. Y es que el gran Mishima sería un tipo duro y fanático al tratar temas de naturaleza política, pero cuando se ponía en plan tierno, nadie le aventajaba.

Pues sí, una linda historia de amor; ¿por qué no decirlo si es verdad? Podría también caer en otros tópicos de naturaleza más pedante como que en esta novela de Mishima queda muy bien ejemplificado el concepto japonés del giri (義理) u obligación social (o sea, para que nos entendamos, giri es saber quiénes son tus superiores y lo que les debes). Los "niponólogos-todo-a-cien" de marras no dudan en recoger tal apunte en sus blogs para demostrarnos lo puestos que están en sociología nipona ("sepa usted lo que es el giri y no necesitará saber nada más sobre Japón", parecen querer decir). Y no es que anden desacertados quienes así lo ven, pero lo que me gustaría preguntarles es lo siguiente: ¿Es algo tan extraño que esta obra refleje el concepto de giri? ¿Es que hay alguna novela japonesa donde no se refleje en mayor o menor medida? En una sociedad donde todo el mundo tiene bien clarito quién es quién y cuáles son sus obligaciones para con los que le rodean, es normal que el giri sea una realidad social omnipresente en la literatura y el cine. Y es más: se podría decir que Mishima en esta obra se opone decididamente a la observación del giri y apuesta más por la defensa del concepto de ninjô (人情), o sea, la vertiente emocional del ser humano. Así lo vemos en El rumor del oleaje, donde su protagonista, el joven Shinji, hijo de un pescador que murió en la Segunda Guerra Mundial, se enamora de una joven recolectora de perlas llamada Hatsue que vive en el mismo pueblito costero. Y el amor del mozo es correspondido por la chavalilla. Lo malo es que ella tiene muchos admiradores y pretendientes, algunos de ellos bien dotados de "pastizábal", lo que hace que Shinji lo tenga bien difícil para poder casarse con Hatsue (es lo que tiene el giri dichoso). Ahí surge un tal Yasuo, cual versión nipona de la figura del señorito español de posguerra, como principal candidato a quedarse con la moza. Pero Shinji y Yasuo serán sometidos a una prueba, sin que ellos sean conscientes de ello y que manda al giri a freír espárragos. Cuando la leáis, sabréis por qué.

Está publicada en español por Alianza Editorial.

sábado, 20 de agosto de 2011

"La bailarina", de Ôgai Mori


Aún no había leído nada de Ôgai Mori (1862-1922), el autor que, junto a Sôseki Natsume, impulsó la modernización (nada de occidentalización, como se lee por ahí) de la narrativa japonesa durante los últimos años del periodo Meiji (1868-1912).

Ha resultado muy grata la experiencia de leer La bailarina (1890), novela corta de poco más de 50 páginas que narra la experiencia de un estudiante japonés que se traslada a Alemania a trabajar para su empresa y también a estudiar en la universidad, algo que el propio Mori hizo, lo que confiere a este relato matices de autobiografía. A través del texto uno toma conciencia de las estrechas relaciones bilaterales que Japón había sabido forjar con algunas de las potencias europeas de la época, en este caso Alemania, al observar que en Berlín existía, según cuenta el narrador (el protagonista, que lo hace en primera persona) una colonia de estudiantes japoneses.

Sin embargo, la novela no navega tanto por los derroteros costumbristas y sociales, sino que, en consonancia con el carácter introvertido del joven estudiante nipón, se centra en el encuentro fortuito de este con una joven bailarina alemana de extracto social humilde, de quien poco a poco el chico va quedando prendado, con los problemas que eso le acarrea, dados los infinitos prejuicios que en la época existían hacia el mundo del "artisteo".

Novela que nos habla de amor, de relaciones sentimentales entre personas de distinta nacionalidad y del esfuerzo por superar las barreras culturales, que a veces resultan insalvables... ¡No me digáis que la novela no resulta moderna para haber sido escrita hace más de 120 años! A pesar de todo, el paso del tiempo se deja notar a medida que uno va leyendo y se dejan ver en el relato valores, razonamientos y pautas de conducta que pueden provocar en el lector del siglo XXI una sonrisilla, cuando no una sonora carcajada. Con todo y con eso, su lectura resulta fresca, muy ligera, sencilla, casi naif, yendo en todo el momento al grano pero sin sacrificar la lírica y recreación de un ambiente algo depresivo, trágico...

La publicó en castellano recientemente Impedimenta, con traducción de Yoko Ogihara y Fernando Cordobés.

"Mil grullas", de Yasunari Kawabata



Es lo que más me ha gustado de Kawabata de cuanto llevo leído (lo reconozco sin pudor de ningún tipo; el Nobel no es de los autores que más me convencen). Es la curiosísima historia de un hombre que amó a dos mujeres y al fallecer, su hijo Kikuji se relaciona con las dos, una de ellas (Chikako) como maestra de la ceremonia del té, y otra (la señora Ota) de la que llega a ser también amante. Chikako siente celos hacia Ota, porque fue abandonada por el padre de Kikuji en favor de la segunda, tal vez porque Chikako tiene una fea mancha entre los pechos. A la vez, Kikuji va a entablar una relación con la hija de la señora Ota, mientras Chikako pretende presentarle a otra joven con intenciones matrimoniales. Posteriormente, al no hacer Kikuji mucho caso de las propuestas de Chikako, el papel de la maestra del té será tremendamente destructivo, creando mentiras con las que tratará de perjudicar a Kikuji.Me ha llamado la atención en esta novela esos fuertes contrastes entre la delicadeza desplegada en la ceremonia del té, con esa especial sensibilidad que se muestra en la elección de los utensilios cerámicos, frente a lo poco cortés que se puede mostrar Chikako en sus actos y sus palabras.

En pocas páginas, Kawabata da muestra de su amplio conocimiento del ceremonial del té, con esas tazas de diferentes escuelas, colores y facturas que expresan distintos estados de ánimo y actitudes de los protagonistas, identificando casi a modo fetichista objetos y actos.

Se lee bien y engancha.

Está publicada por Emecé y traducida al español por María Martoccia.

domingo, 16 de mayo de 2010

"Soy un gato", de Natsume Sôseki


Podría limitarme a decir que se trata de un novelón, la gran obra de la literatura japonesa del siglo XX, el perfecto retrato de la sociedad nipona en la Era Meiji y todos esos epítetos, pero me gustaría extenderme un poco más, porque la obra lo merece. Tal vez sea la excesiva buena predisposición con que emprendí la lectura de este libro, pero la verdad es que pocas obras me han impresionado tanto en los últimos años como ésta.

Pocas veces se podrán leer obras que ofrezcan un retrato tan certero y a la vez tan poco amable de la sociedad y la época en que fueron escritas. Y el hecho de que el narrador y testigo de ese lado más oscuro de su entorno no sea humano (un gato), contribuye a crear una atractiva áurea de falsa objetividad, una percepción de que quien nos lo cuenta es una especie de árbitro que asiste impotente al devenir de los hechos, algo similar a cuando la narración surge de boca de un niño o un loco.

Me ha encantado; no se hacen largas las más de 600 páginas que componen esta novela, que está resultando todo un éxito entre los lectores españoles, puesto que esta traducción de Yoko Ogihara y Fernando Cordobés publicada por Impedimenta, que es la que yo he manejado, va ya por la 11ª edición: yo en su momento compré la segunda, que tenía bastantes erratas de imprenta y espero que hayan sigo corregidas en las sucesivas ediciones.

sábado, 8 de mayo de 2010

"El faro de los libros", de Aravind Adiga



El autor de Tigre blanco vuelve a sorprendernos con esa forma irónica, sincera, directa y fresca de narrarnos la nada grata realidad de la India contemporánea. En El faro de los libros de nuevo cobran vida ante el lector una galería de personajes que muestran la compleja realidad social india, donde el tradicional sistema de castas convive en el día a día con un no menos riguroso sistema de clases a la occidental, siendo ambos causa de infinidad de situaciones de injusticia y desigualdad. A diferencia de Tigre blanco, que era una novela picaresca centrada en un protagonista y las penurias que ha de pasar en su condición de ser socialmente desfavorecido, El faro de los libros es una colección de relatos, una obra coral donde todos los protagonistas, pese a sus muchas diferencias, mantienen muchos rasgos en común: son personajes marginados, sea por motivos políticos, religiosos, económicos o de casta. Y además, todos viven en Kittur, una pequeña localidad del sur de la India, entre los años 1984 y 1991, que fueron los de los asesinatos de Indira Gandhi y Rajiv Gandhi respectivamente (por eso el título original de la novela es Between the Assassinations).

Cada historia narra un hecho independiente, pese a compartir todas ellas el marco espacio-temporal. Por ellas desfilan todo tipo de personajes, cada cual con sus frustraciones y sus penurias: el estudiante que trata de poner una bomba en su instituto, el chico que esnifa pegamento, el criado sospechoso de tener una relación más íntima con su señora, el comunista que un día descubre que su reino no es de este mundo, matrimonios concertados que no pueden consumarse por culpa de una enfermedad venérea, etc.

Debo reconocer que no me ha resultado una lectura tan intensa y envolvente como Tigre blanco, pero he vuelto a disfrutar con el retrato tan descarnado y nada alejado de la realidad que Adiga nos hace de su país, a modo de catálogo de lo políticamente incorrecto, de todo lo oscuro y sucio que en la India se pretende ocultar "a golpe de Bollywood".

Esta colección de cuentos se publicó en español por Miscelánea Editorial, con traducción de Santiago del Rey.

domingo, 2 de mayo de 2010

"Sauce ciego, mujer dormida", de Haruki Murakami


La imagen que yo tenía de Haruki Murakami como novelista se tambaleó el día en que leí esta colección de relatos, que el afamado autor japonés fue publicando por separado y en diversos medios entre 1981 y 2005. Pues para mi gusto, esta antología de cuentos cabe entrar entre las obras fundamentales de un autor que nunca dejará de sorprendernos. A mí por lo menos me dejó boquiabierto en la mayor parte de los 24 relatos que integran la selección. Son historias a cada cual más original y sorprendente, que van desde el realismo nostálgico tan de Murakami (véase su novela Norwegian Wood) hasta el terreno de lo onírico y de la ciencia-ficción, también tan de Murakami (véase su también novela El fin del mundo y el despiadado país de las maravillas). Incluso se puede encontrar en alguna de las historias un emocionante y algo turbador puntito de terror.

Si toda esta capacidad de fabular de Murakami nos sorprende en una novela, imagínate lo que puede llegar a producir en nuestros cerebros una sucesión de 24 historias en un solo libro donde, a modo de bombardeo intelectual, nos va ofreciendo, una por una, todas las obsesiones temáticas que configuran el universo literario de uno de los mayores talentos literarios de nuestro tiempo.

Sin duda, el lector que busque variedad, la encontrará en este libro.

"El color prohibido", de Yukio Mishima


Me acerqué a esta obra con un cierto temor y recelo, pues la crítica que sobre la misma se despliega en internet, tanto en blogs como en artículos periodísticos, no desprende precisamente un halo muy favorable a su lectura: que si es una obra inmadura, que si es pedante, que si es "podable" (afortunadamente esta versión española de Alianza ofrece el texto íntegro), que si los lectores incondicionales de Mishima no lo acabarán de leer... Y sin embargo, quizás porque las expectativas eran tan bajas, me ha resultado una lectura agradable y entretenida, de esas en las que un capítulo te lleva irremediablemente al siguiente y en el que nada sobra (no entiendo a los que opinan que hay que tirar de tijera), y eso que son más de 500 páginas de "tocho" (¡ya se podían haber currado los de Alianza un formato algo más manejable y ligero, aparte de una portada algo más discretita como para poder leerlo en el metro sin ser observado por el resto de los viajeros...!).

La novela es una salida del armario en toda regla; no sé si será la novela de Mishima en que más y mejor se aborde el tema de la homosexualidad en el Japón de posguerra, pero sí al menos la que más de cuantas he leído de este autor; más incluso que Confesiones de una máscara. Me resulta muy atractiva la perversión y el deseo de hacer daño de Shunsuke, el escritor sesentón y misógino que convence a Yuichi, un joven homosexual, para que se case con otra joven llamada Yasuko y que de paso seduzca a otras mujeres, a sabiendas de que Yuichi no las va a hacer felices (Shunsuke quiere vengarse de las mujeres, que a él no le satisficieron en esta vida). Y le convence a golpe de talonario (hay gente que tiene tanto dinero que lo gasta incluso en fastidiar a los demás y hacer de perro del hortelano).

Los locales "de ambiente" de aquel Tokio recién salido de la guerra quedan perfectamente descritos, así como los sofisticados y algo decadentes usos que mostraban las clases más poderosas de un Japón que andaba a caballo entre las necesidades imperiosas de muchos y la obscena abundancia en la que navegaban otros.Una vez más, el primer Mishima nos sorprende con su sensibilidad y su sentido de la ética y la estética, vinculando con frecuencia lo bello a lo bueno. Las reflexiones que sobre esos temas lanza el autor son profundas, muy maduras para ser del primer Mishima.

Pues eso, que no era tan mala novela. No sólo es leíble, sino que es recomendable.
La tenemos en formato "ladrillo" (¡¡¡edición de bolsillo ya!!!) publicada por Alianza, con tradución del japonés a cargo de Jordi Fibla y Keiko Takahashi.


martes, 13 de abril de 2010

"Sed de amor", de Yukio Mishima


Si bien no es lo que más me ha gustado de cuanto he leído de Mishima, me sigue pareciendo una obra de una más que aceptable calidad.

La novela nos cuenta la vida de Etsuko, una tokiota que en plena posguerra se queda viuda, tras lo que se muda a una zona rural de la prefectura de Osaka, donde su suegro posee una finca. A partir de ese momento, Etsuko queda vinculada al padre del que fue su marido, aunque ella se enamora de un joven criado llamado Saburo. Este, a su vez, no hace demasiado caso a la viuda y sí a Miyo, otra criada de la casa, a quien deja embarazada. A lo largo de la novela, Etsuko navega sin rumbo en un mar de celos y de búsqueda a la desesperada del verdadero amor.

A lo largo de la lectura de Sed de amor se puede alcanzar un cierto grado de simpatía con Etsuko, una mujer que trata de hallar el amor en un medio muy hostil hacia la libertad sentimental, en unos años económicamente muy difíciles para el país y donde comer estaba por encima del resto de cosas. Y en el caso de las mujeres, la dependencia material con respecto a los hombres era tan alta, que cualquier otro aspecto humano quedaba supeditado al hecho de sobrevivir.

Como en todo Mishima, Etsuko muestra una obsesiva tendencia a la búsqueda de su verdadero interior, que es lo que acaba encandilando al lector.

Se recomienda.

"Norwegian Wood (Tokio Blues)", de Haruki Murakami


Acabo de releerla. La leí por primera vez hace ocho años, en inglés, cuando aun no contábamos con la traducción de Tusquets. Era lo primero que leía de Murakami y no me convenció demasiado, y ahora, después de haber leído algunas más de él, me animé a releer este trabajo, ahora retitulado Tokio Blues (título que por cierto no me gusta nada, porque tampoco es una novela 100% tokiota y algunos de los acontecimientos fundamentales de la novela tienen lugar en Kansai; pero supongo que a los de Tusquets les parecía más comercial que Norwegian Wood).

La novela es triste, a veces desoladora, a la par que desmitificadora (la visión que Murakami nos da de las revueltas estudiantiles de 1968 no es tan idealizada como la que a veces nos suelen vender otros intelectuales). Esa descorazonadora dinámica de soledad, suicidios y sexo a la desesperada ofrece un cuadro deprimente de la juventud japonesa del momento; se observa mucho nihilismo en cada diálogo, en cada personaje. Y también mucha exageración (me imagino que intencionadamente buscada por Murakami) en el perfil de algunos personajes, como ese Toru Watanabe que con 19 añitos conoce a la perfección lo más granado de la literatura y de la música universal, a la vez que ha tenido relaciones sexuales con ocho chicas, como él mismo declara en un pasaje de la novela, y todavía le queda tiempo para estudiar en la facultad y trabajar a tiempo parcial en una tienda de discos: el chico es una máquina.

Tras esta segunda lectura, sigue sin parecerme lo mejor de Murakami (no consigo entender cómo es una de las dos o tres novelas más leídas de toda la historia de la literatura japonesa, con todo lo que hay de calidad), pero en cualquier caso es algo absolutamente leíble.

sábado, 10 de abril de 2010

"La zapatilla de cristal", de Shotaro Yasuoka


Ha sido una grata sorpresa para mí descubrir este "clásico" contemporáneo de la literatura japonesa, recientemente publicado en español por la editorial El Tercer Nombre.

La zapatilla de cristal (Garasu no kutsu) es una colección de nueve relatos que se desarrollan entre los últimos años 30 y los primeros 40, momentos complicados para Japón y los japoneses por su proceso de militarización y participación en la II Guerra Mundial y las dificultades y penurias que tales circunstancias trajeron a la población civil en el desarrollo de su vida cotidiana.

Unas historias a ratos divertidas y a ratos duras, con unos finales poco convencionales, a veces inciertos, que invitan al lector a reflexionar y a imaginar el destino de los protagonistas, que parecen condenados a vivir sumidos en la más prosaica y aburrida cotidianeidad. Si se me permite la licencia de comparar estos relatos con la obra de algún cineasta japonés, debo decir que Yasuoka me ha recordado al primer Ozu, el que hacía películas mudas.

Lo único que no me ha convencido es que la traducción de María Alonso de Yerro no es directa del japonés, sino a partir de la versión inglesa de Royall Tyler. En cualquier caso, no por ello os privéis de leerlo.

"Confesiones de una máscara", de Yukio Mishima


Yo empecé a leer a Mishima "al revés"... Entiéndase, que lo primero que leí de este autor fue lo último que escribió, es decir, su archiconocida tetralogía de El mar de la fertilidad. Y también motivado por aquella famosa película de Paul Schrader Mishima: A Life in Four Chapters. Eran los últimos años 80 y yo era un estudiante de primer año de carrera que empezaba a interesarse de una manera bastante tímida y poco sistemática por lo japonés. Y entre la cruda recreación del haraquiri de Mishima en la película de Schrader y esos arrebatos de fervor ultranacionalista mishimiano que se palpan en toda su tetralogía final, pero fundamentalmente en Caballos desbocados (la segunda de las novelas que componen la saga), empecé a forjar una idea algo antipática del que hoy, lo que son las cosas, se ha convertido en mi novelista japonés favorito de cuantos vivieron en el pasado siglo.

No sé si con razón o sin ella, pero se puede llegar a la conclusión de que Mishima sufrió un proceso involutivo a lo largo de los últimos 20 años de su vida, pues esa imagen del ultraderechista que en 1970 promovió el conato de golpe de Estado tras el que se suicidó, poco tiene que ver con ese Mishima profundo y emocional a la vez de sus primeras novelas, como Confesiones de una máscara, que es su debut en el terreno de la narrativa larga. Sorprende la vigencia del tema, a más de 60 años de su publicación, pues la historia es una salida del armario en toda regla, con un protagonista que un día descubre que siente una atracción irreprimible hacia su compañero de estudios, aunque al final opta por tratar de casarse con alguien del sexo opuesto (después de todo, la solución burguesa y políticamente correcta solía vencer en la narrativa japonesa de aquellos tiempos).

Con todos esos ingredientes, Confesiones de una máscara me ha dejado muy buen sabor de boca, sobre todo por lo mucho de autobiográfico que este libro tiene, con un Mishima que, a través de las andanzas del protagonista, deja todas las cartas sobre la mesa, y ya no sólo por la declarada homosexualidad, sino por ese constante viaje introspectivo, esa continua mirada hacia el interior, hacia la obsesiva investigación de temas como el amor, la pasión, la razón y, por supuesto, la muerte. En otras palabras, que Confesiones de una máscara es como una tarjeta de visita que Mishima proporciona a sus lectores para que se hagan una idea de lo que va a ser su trayectoria futura como escritor y como ser humano... Aunque, como ya comenté al inicio, experiemente dos décadas de transformación como hombre y como autor.

Publicada por Espasa Calpe en su Colección Austral.


"El grito silencioso", de Kenzaburo Oé


Me estoy aficionando a Kenzaburo Oé. Engancha ese estilo tan personal pero a la vez con unos temas y problemas tan dirigidos al público general (dispuesto a leer, claro) japonés y no japonés. No son fáciles sus textos, pero ese es precisamente el encanto. La novela se deja llevar desde el primer momento por una dinámica del absurdo subyugadora: dos hermanos, "Mitsu" y "Taka". El primero de ellos vive en Tokio y tiene graves problemas en su familia, pues tiene un hijo deficiente mental, cuyo nacimiento hunde a su esposa en el hoyo del alcoholismo. Mientras, "Taka" regresa de los Estados Unidos, donde pretendía participar en una revolución popular (son los últimos años 60), pero de allí no obtiene otra cosa que una enfermedad venérea que le contagió una prostituta madura afroamericana. Entonces, a "Taka" no se le ocurre otra cosa que regresar a la isla de Shikoku, de donde eran sus padres, para allí tratar de organizar una revuelta campesina como la que en el siglo XIX lideró uno de sus antepasados. Y lo curioso es que a "Taka" le hacen caso los pueblerinos, cargando todas sus iras contra el dueño del mayor supermercado de la comarca, un coreano a quien ven como la quintaesencia de la tiranía y la opresión al pueblo. Una atractiva lectura en que se produce la no siempre cómoda convivencia de la comedia con la tragedia, y una de las obras fundamentales de este Premio Nobel que es Oé, pues en su obra posterior a El grito silencioso se van a ver muchos retornos a los temas aquí abordados.

Está publicada por Anagrama en distintos formatos (el de la foto pertenece a la Colección Compactos) y traducida por Miguel Wandenbergh.


viernes, 9 de abril de 2010

"Tigre blanco", de Aravind Adiga


Por increíble que pueda parecer, el blog del inefable Sánchez Dragó puede llegar a dar pistas de buena literatura (malo es que a él no se le pega), y a través de dicho cuaderno de bitácora hasta se puede llegar a descubrir una cierta afinidad con los gustos literarios del famoso presentador de televisión y presunto escritor. Lo que son las cosas.

De hecho, hasta ese buen día en que me metí en el diario digital dragoniano (en verdad yo no quería, pero fue una de las muchas y severas consecuencias que sobre mis neuronas tuvo la impía ola de frío que nos azotó el pasado invierno), yo no había oído hablar de este Aravind Adiga y su Tigre Blanco, novela que ha tenido una excelente acogida en el público, dentro y fuera de la India, país de origen del autor, quizás porque sus páginas son las pistas donde tienen lugar un desfile de verdades, a cada cual más políticamente incorrecta, en torno a esa compleja realidad que es la India de hoy.

La novela no tiene nada que envidiar en cuanto a temática social y agridulce sentido del humor a las novelas picarescas que hace cinco siglos se escribían en España, con un personaje central que trata de progresar socialmente mediante las únicas estrategias posibles de que una persona de baja categoría social dispone tanto en la India de hoy como en la España del Siglo de Oro: el engaño, la audacia y la violencia.

De esta novela me quedo con casi todo, quizás por lo que de rareza tiene: aquí se dicen ese tipo de cosas que normalmente no se suelen decir en otros textos, por miedo a no se sabe exactamente qué. Me encanta lo que de didáctico tiene, con ese protagonista que, una vez que ha conseguido triunfar, se dedica a escribir correos al Primer Ministro de China para explicarle lo que la India es en realidad, frente a lo que oficialmente le van a contar cuando vaya de visita a Delhi. Realmente podríamos ver que Aravind Adiga nos toma a cada uno de nosotros como ese mandatario chino, y nos hace abrir los ojos, para que no caigamos en esos fuegos de artificio que lanza el glamour de Bollywood y otras demencias creativas.

Háganle un favor a su salud mental y crean a Adiga. La India es como él dice que es, o al menos se le parece bastante.

Publicada en español por Miscelánea Editorial.


"Poemas de madurez", de Kobayashi Issa


El conocimiento de este autor se lo he de agradecer al gran poeta, mejor compañero y óptimo amigo Juan Antonio Bernier, uno de los promotores del Festival de Poesía Internacional Cosmopoética, que tiene lugar anualmente en la ciudad de Córdoba. Para él va desde aquí mi agradecimiento y mi reconocimiento por la impagable labor que está desarrollando a caballo entre Bulgaria y Andalucía por el fomento de la lectura y el mejor conocimiento de la poética planetaria, la de ayer, la de hoy y la del mañana. La de siempre.

Soy más de prosa que de poesía, he de reconocer, así que peco de una cierta incapacidad para hallar buena literatura poética por mí mismo: me la tienen que introducir y recomendar. Además, suelo tener mis prejuicios hacia el género del haiku, desprestigiado a más no poder por los muchos aventurerillos que en Occidente se lanzan a experimentar en lenguas europeas con este género... A experimentar excepcionales métodos laxantes, en la inmensa mayoría de los casos.

Pero te lanzas a descubrir el genuino haiku japonés, el que se forjó bajo la sobriedad aislacionista del periodo Edo (1603-1868), y los prejuicios hacia la poética minimalista nipona desaparecen de un plumazo.

Fue en esos dos siglos y medio de mirarse reflexivamente al ombligo, cuando la lengua japonesa grabó páginas de deleitosa gloria literaria. El aislamiento político y militar del archipiélago llevó parejo una introspección de la estética y el sentimiento, una victoria intelectual y emocional del uchi (lo de dentro) frente al soto (lo de fuera), una concepción dual de la realidad que sin duda marcó el devenir histórico de Japón, incluso tras la finalización del periodo Edo y la posterior modernización y apertura del país experimentada en la era Meiji y posteriores.

Y uno de los poetas que le tocó vivir esa orgía de la endogamia a la que asistió el Japón de los siglos XVII, XVIII y la primera mitad del XIX, fue el monje Kobayashi Issa (1763-1827), cuya vida fue todo un cúmulo de desgracias y sinsabores; un verdadero asquito, para abreviar. En sus viajes a lo largo de Japón, Kobayashi conoce el frío y el hambre; pero cuando trata de establecerse en algún lugar y llevar una vida sedentaria, verá morir a sus hijos y a una de sus esposas, sabrá lo que es el divorcio en otro de sus matrimonios, perderá su vivienda en un incendio... No es de extrañar que luego sus poemas se inclinasen por sentir lástima hacia los seres más débiles e indefensos de la naturaleza, como los pájaros, insectos y algunas plantas, pues muy posibliemente se identificaba con todos ellos. Con autores como Kobayashi se confirma esa teoría de que para ser un buen escritor las tienes que pasar canutas. Fantásticos haikus de madurez los que nos encontramos en este libro, donde conceptos como la sencillez y la elegancia se ven sinónimos.

Como ya dije antes, lo publicó Cosmopoética, con selección de poemas, traducción y notas a cargo de Josep M. Rodríguez.