viernes, 24 de agosto de 2012

"La gata, Shozo y sus dos mujeres", de Junichirô Tanizaki



“Pues sí, mi amor, al final tú eres mucho más humana que yo”. Eso es lo que le dice Shinako, una de las dos mujeres de Shozo, a la gata Lily.

Como en Arenas movedizas (Manji), Tanizaki nos trae en La gata, Shozo y sus dos mujeres (1936) una nueva historia de amor a cuatro bandas, con la diferencia de que en esta ocasión uno de los cuatro implicados en el asunto no pertenece a la especie sapiens, lo que, como ya ha quedado claro, no es óbice para que goce de menores cualidades humanas que los otros tres protagonistas.

Una historia a cuatro bandas atípica pero que nadie se imagine lujuriosas escenas de zoofilia. Cierto es que Tanizaki era muy amigo de reflejar en sus escritos las tendencias sexuales más alternativas que se practicaban en el Japón de su tiempo y en el de tiempos anteriores, pero no llegaba a tanto. En esta ocasión por amor me refiero a eso mismo: a cuando decimos “amor” porque no pretendemos decir “sexo”. De hecho, aunque hemos hecho la inevitable alusión a Manji, esta historia se encuentra, por temática y por atmósfera, más cercana a Las hermanas Makioka que a Arenas movedizas.

Hay libros capaces de hacerte entender el comportamiento de los pueblos o colectivos humanos donde surgieron. Y libros como este son los que te permiten comprender por qué los japoneses han cultivado tan intensamente el amor hacia sus mascotas, en este caso concretamente hacia los gatos. La historia cuenta la intensa relación de cariño que viven Shozo y su gata Lily. Shozo es un hombre de esos que no son un ejemplo a seguir: manipulable y manipulado por todos los que le rodean, a la vez que tendente a la holgazanería. Shozo se había casado con Shinako, una mujer que le amaba pero no soportaba que él dedicara tanto tiempo a la gata. Por intereses familiares (de nuevo surge en Tanizaki la figura de los matrimonios concertados tan arraigada en el Japón de su época), Shinako es obligada a divorciarse de Shozo y este contrae nupcias con Fukuko, una mujer que en el fondo le desprecia. A modo de venganza, Shinako exige quedarse con la gata como compensación y la familia de Shozo ha de aceptar. Y aunque Shinako odiaba a la gata, al final termina por cogerle cariño y a partir de ese momento empieza a entender ciertas cosas de su ex marido y de la relación de ambos.

El final es redondo, aunque triste para el pusilánime Shozo, que recibe una lección de su gata y le enseñará a valorar los sentimientos por encima de los intereses sociales. Una vez más, la gata se muestra más humana que muchos de los humanos. Como es habitual, Tanizaki nos ofrece una forma de narrar precisa y económica, capaz de transmitir en pocas palabras y con elegancia todo lo que el lector necesita saber, pero sin caer con ello en el minimalismo rácano y famélico.

Una novela de esas que te hace reflexionar incluso semanas después de su lectura. Ideal para el verano. En español nos lo han publicado los de Siruela recientemente (2011), con una traducción directa del japonés de Ryukichi Terao y la colaboración de Ednodio Quintero.

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